viernes, 20 de abril de 2018

Autonomia

Autoridades universitarias y el imperio

La universidad estatal siempre expresó su rechazo al dominio imperial.

La Razón (Edición Impresa) / César Hugo Cocarico Yana
00:02 / 20 de abril de 2018
La autonomía universitaria tiene su antecedente histórico primario en el Manifiesto Liminar de Córdoba, que dice: “La juventud ya no pide, exige que se le reconozca el derecho a pensar por su propia cuenta. Exige también que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa…”. Los postulados ideológicos son claros: romper con el vínculo de dependencia gubernamental altamente influenciada por la Iglesia, permitir la participación estudiantil en el gobierno universitario (cogobierno docente-estudiantil), cátedra libre y otros. Uno de los cuestionamientos a las universidades fue su poco aporte al desarrollo nacional, por lo que se concibió un nuevo rol universitario ligado al desarrollo político y económico del país.
En Bolivia, el principal antecedente es el Primer Congreso de Estudiantes Bolivianos, efectuado en 1928, que tuvo una fuerte posición antiimperialista. Posteriormente, la autonomía universitaria fue lograda en 1930, previo referendo popular, estableciéndose la potestad de nombramiento libre de autoridades, docentes y administrativos, e instituyéndose los consejos universitarios con participación de docentes y estudiantes.
Por esto mismo, en el actual estatuto de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) se establece como principios la autonomía universitaria; igual jerarquía respecto a las demás universidades públicas; democracia universitaria; planificación y coordinación universitarias; el carácter nacional, democrático, científico, popular y antiimperialista de la universidad; la libertad de pensamiento; la libertad de cátedra y la cátedra paralela. El estatuto también señala que la autonomía universitaria se basa en la independencia ideológica de la UMSA respecto de cualquier Gobierno; la libre administración de sus recursos; el nombramiento de sus autoridades, personal docente y administrativo; la elaboración y aprobación de su estatuto orgánico, planes, presupuestos y reglamentos.
Las luchas universitarias se dan como parte de la lucha de clases; son generadoras de ideología y centro de cultivo de ideas revolucionarias. La universidad estatal siempre expresó su rechazo al dominio imperial, por eso mismo, uno de los principios de la UMSA es ser de “carácter nacional, democrático, científico, popular y antiimperialista”. Estas razones motivaron que las dictaduras intervengan la autonomía universitaria. En 1971, el golpe de Estado conllevó la violación de la autonomía universitaria; la UMSA que fue cerrada mediante decreto, procurándose una reforma con estructuras serviles a la dictadura. En 1978 se reconquistó la autonomía, obligando al gobierno militar de entonces la reposición del régimen constitucional relativo a las universidades, es decir, el respeto a la autonomía universitaria. Sin embargo, en 1980 García Meza creó la Comisión de Reorganización de la Universidad Boliviana y hasta se aprobó un estatuto transitorio de la universidad boliviana bajo visión fascista.La universidad tiene una larga data de luchas junto a su pueblo contra la clase dominante; por eso, en el último tiempo su lucha es contra el capitalismo y el imperialismo como factores de la pobreza social. La causa universitaria es la causa de las clases explotadas y oprimidas frente al poder del capital. En mi época de estudiante universitario no se admitía injerencia de ninguna naturaleza, menos de la embajada estadounidense, peor que ingrese a los predios universitarios.
Por eso, resultan inimaginables las reuniones del rector de la UMSA con personeros de la Embajada de Estados Unidos, con la representación máxima del imperio, en el seno mismo del claustro universitario. ¿Se puede traicionar el principio antiimperialista de la universidad?, ¿las ambiciones políticas pueden pesar más que el respeto a la institucionalidad sagrada de la universidad? Lo cierto es que, en estos tiempos, hay una manipulación injusta e indebida a la entidad científica más importante que tenemos como sociedad.

domingo, 15 de abril de 2018

FUTURO DISTOPICO

Los empleos del mañana

Las nuevas tecnologías pueden ser un catalizador de un futuro mejor en los países de América Latina.
La Razón (Edición Impresa) / Jorge Familiar
09:52 / 15 de abril de 2018
La innovación tecnológica y la automatización avanzan a una velocidad vertiginosa. Tan es así que los temores de un futuro distópico donde las máquinas y la inteligencia artificial desplazan a los humanos se han vuelto lugar común. Pero este futuro de robots y automatización es solo una parte de la historia. Las nuevas tecnologías pueden ser un catalizador de un futuro mejor en los países de América Latina y el Caribe; un mundo con nuevos y mejores empleos, no solo un mundo con más robots.
Es cierto que muchos de los puestos de trabajo poco calificados y menos complejos están siendo reemplazados por la automatización. Es por ello que los empleos del futuro requerirán de habilidades nuevas y más sofisticadas. De hecho, algunos estudios calculan que cerca del 65% de los niños que asisten a la escuela primaria actualmente terminarán en puestos de trabajo que aún no existen.
Más allá de la automatización, la tecnología y la innovación están remodelando prácticamente todos los aspectos de nuestras vidas, y en forma positiva. De Tierra del Fuego a Tijuana, de las metrópolis más grandes como Sao Paulo a los pueblos más pequeños en Oaxaca, he visto cómo la tecnología está cambiando vidas a un ritmo sin precedente. Ejemplos hay muchos, desde las líneas de ensamblaje hasta un creciente servicio de Uber en las ciudades y el uso de teléfonos celulares en comunidades rurales que hasta no hace mucho carecían de telefonía fija.
De hecho, la adopción de tecnología digital puede allanar el camino a la reducción de la pobreza y la creación de más (no menos) empleos, al incrementar la productividad. Y estos avances en productividad, a su vez, pueden llegar a ser una oportunidad para trabajadores poco calificados, y no solo para ejecutivos adeptos a la tecnología y sofisticados ingenieros.
El informe del Banco Mundial “Los empleos del mañana: tecnología, productividad y prosperidad en América Latina y el Caribe”, publicado esta semana, muestra cómo la adopción de tecnología mejora la productividad. Con ello, las empresas pueden bajar los costos variables, ampliar la producción, llegar a más mercados, hacer más dinero y generar así más y mejores puestos de trabajo.
Estudios realizados en Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México muestran que los trabajadores poco calificados pueden beneficiarse de la adopción de tecnologías digitales. Esto porque las empresas que las adoptan incrementan la producción y tienden a contratar más trabajadores a medida que se expanden.
Tomemos el ejemplo de las plataformas de comercialización en línea. Al ayudar a las pequeñas empresas a encontrar mercados en el exterior, las llevan a aumentar sus exportaciones y así a contratar más personas, ya que son precisamente las empresas pequeñas las que suelen contratar, en términos relativos, un mayor número de trabajadores poco calificados. Asimismo, las aplicaciones de software para celulares facilitan la búsqueda de información sobre oportunidades de empleo, equilibrando la oferta y la demanda laboral de mejor manera.
Sin embargo, América Latina y el Caribe sigue estando rezagada respecto a otras regiones en términos de adopción de tecnología digital. Por ende, una difusión más rápida de la tecnología será crucial para acelerar y alcanzar un crecimiento más inclusivo. Para que esto ocurra, permítanme mencionar las dos cosas que me parecen más relevantes. Deberíamos incorporar y promover la tecnología y la innovación, en lugar de levantar barreras. Internet es un buen punto de partida dado que es el oxígeno del que dependen las tecnologías digitales. Una mayor competencia en el mercado de internet de banda ancha puede mejorar el servicio y los precios; así como la reducción de los aranceles y los impuestos puede mejorar enormemente el acceso a la tecnología, tanto de empresas como de personas, al volverla más asequible. Un ejemplo de cómo afectan estas barreras el nivel de precios es que en algunos países de la región los teléfonos inteligentes y las tabletas están entre los más caros del mundo.
Asimismo, una mejor educación y capacitación son indispensables para asegurar que la juventud aproveche cabalmente las oportunidades generadas por el mundo digital. Sin estas habilidades, las tecnologías de avanzada podrían terminar empeorando la desigualdad al beneficiar únicamente a los más educados y dejar atrás a los demás.
Así como el auge de las materias primas ayudó a la región a reducir las tasas de pobreza a la mitad en la primera década y pico del milenio, las nuevas tecnologías podrían convertirse en el motor de crecimiento clave que amplíe las oportunidades para todos y no solo para los robots. 

domingo, 8 de abril de 2018

INVESTIGACIÓN EN BOLIVIA

Investigación en las universidades bolivianas: una asignatura pendiente

Bolivia es el país que cuenta con menos peritos dedicados a investigación y desarrollo; por cada millón de personas únicamente hay 166 expertos en un tema clave para el país.

LECTURA AMENA... LO QUE PASA EN BOLIVIA Y EN LAS UNIVERSIDADADES


http://www.paginasiete.bo/ideas/2018/4/8/investigacion-en-las-universidades-bolivianas-una-asignatura-pendiente-175622.html

sábado, 7 de abril de 2018

INVESTIGACIÓN ALIMENTARIA

Necesidad de la descolonización alimentaria



http://www.paginasiete.bo/opinion/2018/4/7/necesidad-de-la-descolonizacion-alimentaria-175744.html

sábado, 31 de marzo de 2018

Bolivia y Chile en cifras


La Razón (Edición Impresa) / Omar Rilver Velasco Portillo
00:00 / 30 de marzo de 2018
La economía chilena brilló en los 90, década en la que su crecimiento fue de un 7% en promedio. Sin embargo, en los últimos años parece que el panorama se les puso cuesta arriba. Entre 2014-2017, Chile creció solo un 1,7%, el registro más bajo en casi cuatro décadas. Por otro lado, con una tasa de crecimiento promedio de 4,7% para similar periodo, y el segundo cuadrienio más alto en su historia luego de la vuelta a la democracia, la economía de Bolivia se ha posicionado como la más veloz de Sudamérica.
Pero el camino por recorrer todavía es largo. El PIB chileno es aproximadamente siete veces mayor que el nacional. A ese paso necesitaríamos cerca de 65 años para alcanzar la capacidad de producción actual de nuestro vecino. Empero, hemos logrado reducir las diferencias: en 2005 la brecha era de 13 veces. Este resultado también está alterado por los precios nominales con los que medimos la producción. La última revisión de las cuentas nacionales chilenas se hizo en 2013. En cambio, la boliviana data de 1990, con lo cual esta brecha en años sería mucho menor.
El PIB per cápita chileno medido en términos corrientes es de $us 14.000 aproximadamente, mientras que el boliviano asciende a $us 3.390, es decir, cuatro veces más. Pero en términos de capacidad de compra (PPP), la diferencia se reduce a tres. Cabe señalar que en la región Chile ostenta el primer lugar en este indicador y Bolivia, el penúltimo. No obstante, para el caso boliviano este indicador viene creciendo de manera ininterrumpida desde 2003 (a excepción de 2015); mientras que en Chile ha caído de manera consecutiva en los últimos años, lo que ha frustrado la aspiración del vecino país de alcanzar a países como Rusia y Portugal.
A pesar del enorme progreso económico, Chile se sitúa entre los países más desiguales de Sudamérica, solo por debajo de Brasil y Colombia. La desigualdad se manifiesta en el acceso a la educación, los puestos de empleo y la concentración de la riqueza en pocas familias adineradas. En Bolivia, por lo contrario, se redujo la desigualdad en la última década.
Una diferencia fundamental es el modelo económico. En Chile rige una economía de mercado que promueve la iniciativa privada extranjera a través de sus tratados de libre comercio y promoción de inversiones; en cambio en la economía boliviana el Estado y sus empresas públicas juegan un rol protagónico. Pero lejos de los puentes ideológicos que nos separan, tenemos estructuras productivas parecidas. El sector extractivo ocupa un lugar importante en las exportaciones. La minería del cobre representa el 45% de las exportaciones chilenas; mientras que en el país el oro, la plata y el zinc representan el 32% de nuestras exportaciones. A diferencia de Bolivia, Chile no tiene gas y debe importarlo a precios internacionales; pero irónicamente terminamos importando diésel y gasolina de aquel país. También importamos vinos chilenos, pescado enlatado, concentrado de bebidas, frutas y medicamentos; mientras que le vendemos soya.
Fuera de las divergencias económicas, tenemos también diferencias demográficas importantes. Con una población de 17 millones (6 millones más que Bolivia), el mercado chileno es mucho más grande. Pero podría recortarse porque Bolivia cuenta con la tasa de crecimiento demográfico más alta de la región (1,5%), mientras que Chile, una de las más bajas (0,8%); lo que ha impulsado a la apertura creciente de las fronteras chilenas al ingreso de migrantes, entre ellos bolivianos. En cuanto a la esperanza de vida, en Chile es de 79 años, 10 años más que en Bolivia. Pero por bueno que fuera, representa un enorme desafío previsional para el sistema de pensiones chileno.
Al margen de las diferencias, existen muchas complementaciones entre ambas naciones. La historia nos separa, pero los intereses económicos siempre nos unen.

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viernes, 30 de marzo de 2018

INVESTIGACIÓN ECONOMIA

Bolivia y Chile en cifras

Si bien a Bolivia y a Chile la historia nos separa, los intereses económicos siempre nos unen.
La Razón (Edición Impresa) / Omar Rilver Velasco Portillo
00:00 / 30 de marzo de 2018

La Razón (Edición Impresa) / Omar Rilver Velasco Portillo
00:00 / 30 de marzo de 2018
La economía chilena brilló en los 90, década en la que su crecimiento fue de un 7% en promedio. Sin embargo, en los últimos años parece que el panorama se les puso cuesta arriba. Entre 2014-2017, Chile creció solo un 1,7%, el registro más bajo en casi cuatro décadas. Por otro lado, con una tasa de crecimiento promedio de 4,7% para similar periodo, y el segundo cuadrienio más alto en su historia luego de la vuelta a la democracia, la economía de Bolivia se ha posicionado como la más veloz de Sudamérica.
Pero el camino por recorrer todavía es largo. El PIB chileno es aproximadamente siete veces mayor que el nacional. A ese paso necesitaríamos cerca de 65 años para alcanzar la capacidad de producción actual de nuestro vecino. Empero, hemos logrado reducir las diferencias: en 2005 la brecha era de 13 veces. Este resultado también está alterado por los precios nominales con los que medimos la producción. La última revisión de las cuentas nacionales chilenas se hizo en 2013. En cambio, la boliviana data de 1990, con lo cual esta brecha en años sería mucho menor.
El PIB per cápita chileno medido en términos corrientes es de $us 14.000 aproximadamente, mientras que el boliviano asciende a $us 3.390, es decir, cuatro veces más. Pero en términos de capacidad de compra (PPP), la diferencia se reduce a tres. Cabe señalar que en la región Chile ostenta el primer lugar en este indicador y Bolivia, el penúltimo. No obstante, para el caso boliviano este indicador viene creciendo de manera ininterrumpida desde 2003 (a excepción de 2015); mientras que en Chile ha caído de manera consecutiva en los últimos años, lo que ha frustrado la aspiración del vecino país de alcanzar a países como Rusia y Portugal.
A pesar del enorme progreso económico, Chile se sitúa entre los países más desiguales de Sudamérica, solo por debajo de Brasil y Colombia. La desigualdad se manifiesta en el acceso a la educación, los puestos de empleo y la concentración de la riqueza en pocas familias adineradas. En Bolivia, por lo contrario, se redujo la desigualdad en la última década.
Una diferencia fundamental es el modelo económico. En Chile rige una economía de mercado que promueve la iniciativa privada extranjera a través de sus tratados de libre comercio y promoción de inversiones; en cambio en la economía boliviana el Estado y sus empresas públicas juegan un rol protagónico. Pero lejos de los puentes ideológicos que nos separan, tenemos estructuras productivas parecidas. El sector extractivo ocupa un lugar importante en las exportaciones. La minería del cobre representa el 45% de las exportaciones chilenas; mientras que en el país el oro, la plata y el zinc representan el 32% de nuestras exportaciones. A diferencia de Bolivia, Chile no tiene gas y debe importarlo a precios internacionales; pero irónicamente terminamos importando diésel y gasolina de aquel país. También importamos vinos chilenos, pescado enlatado, concentrado de bebidas, frutas y medicamentos; mientras que le vendemos soya.
Fuera de las divergencias económicas, tenemos también diferencias demográficas importantes. Con una población de 17 millones (6 millones más que Bolivia), el mercado chileno es mucho más grande. Pero podría recortarse porque Bolivia cuenta con la tasa de crecimiento demográfico más alta de la región (1,5%), mientras que Chile, una de las más bajas (0,8%); lo que ha impulsado a la apertura creciente de las fronteras chilenas al ingreso de migrantes, entre ellos bolivianos. En cuanto a la esperanza de vida, en Chile es de 79 años, 10 años más que en Bolivia. Pero por bueno que fuera, representa un enorme desafío previsional para el sistema de pensiones chileno.
Al margen de las diferencias, existen muchas complementaciones entre ambas naciones. La historia nos separa, pero los intereses económicos siempre nos unen.

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Autonomia

Autoridades universitarias y el imperio La universidad estatal siempre expresó su rechazo al dominio imperial. La Razón (Edición Imp...