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El poder del mestizaje en Bolivia

Es necesario que los bolivianos comencemos a concebir otra vez al país como una verdadera nación.
La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón
00:24 / 21 de septiembre de 2016
Luego del referéndum de febrero pasado, y de la declaración del presidente Morales en la que señala que no va a candidatear nuevamente, ha retornado el debate sobre quiénes debieran optar a la presidencia de la República en la elección de 2019. Y se está reiterando que lo conveniente sería que fuese un indígena quien sucediera a Evo Morales, por la gran preponderancia que tendrían los indígenas en la población nacional.
Sin embargo, habría que recordar  la encuesta efectuada en el país por el proyecto Auditoría de la Democracia, en el marco del programa LAPOP de la Universidad Vanderbilt de EEUU, donde se ha establecido que el 65% de los entrevistados se considera mestizo o cholo, el 11% blanco, y solo un 19% indígena u originario. Esto demuestra que Bolivia, al contrario de lo que se piensa comúnmente, no tiene mayoría indígena, sino mestiza, fruto de la mezcla de los españoles con los indios.
Hay que tomar en cuenta que todas las repúblicas latinoamericanas nacieron a la vida independiente con poblaciones indígenas que hablaban sus propias lenguas. Pero la mayoría de éstas se esforzó por unificar culturalmente a su país con base en la enseñanza masiva del castellano. El resultado ha sido su conformación en verdaderas naciones, conjuntadas por el idioma, la religión cristiana y la tradición histórica.
En Bolivia se trató de hacer otro tanto, sobre todo después del conflicto del Chaco. Precisamente la generación que marchó a esa guerra, comprendiendo que una de las causas fundamentales del fracaso de tal contienda fue el hecho de que un importante sector de sus habitantes no se había integrado a la vida nacional, consideró perentorio intensificar el nacionalismo y encaminar la política hacia el levantamiento del indígena, con el fin de hacer de él un verdadero ciudadano.
Ahora bien, el cimiento de dicha integración era la llamada cultura mestiza, nacida del entronque de lo español con lo indígena, y que tuvo como primera expresión a la llamada cultura virreinal, cuya manifestación superior fue precisamente el barroco mestizo. En consecuencia, Bolivia nace con la Real Audiencia de Charcas y con la explotación minera de Potosí. Anterior a ellas solo existían unos pocos conglomerados indígenas totalmente separados entre sí.
Por otra parte, hay la creencia de que los indígenas son gente originaria de estas tierras. La verdad es que la mayoría de ellos vino después de la conquista española. Fue la gran riqueza de Potosí la que obligó a los virreyes a impulsar migraciones de grandes poblaciones quechuas al Alto Perú; poblaciones que luego de trabajar en las minas fueron asentadas en estas tierras altas.
Es necesario que los bolivianos comencemos nuevamente a concebir al país como una verdadera nación, realzando los valores que nos unen y que determinan que Bolivia conforma una entidad cultural. Pero, lamentablemente, en el país se ha consagrado que no seríamos una unidad cultural, sino pluricultural y, por tanto, no habría una nación boliviana, sino muchas naciones unidas en un Estado. Si esto fuera cierto, no tiene sentido que tratemos de enseñar a nuestra juventud a amar a Bolivia, ya que ella no existiría como nación, sino solo como una unidad política al estilo de las antiguas repúblicas de Yugoslavia y la Unión Soviética, y como ellas, muy susceptible de balcanizarse.
No obstante, como lo confirmó la encuesta arriba mencionada, el pueblo boliviano, racialmente, en su gran mayoría es cholo o camba. Y su expresión más característica es el rico folklore que hace vibrar a todos los estamentos sociales. Cabe señalar que hasta las familias más distinguidas del país tienen antepasados indígenas. En cuanto a los indígenas, basta que aprendan castellano o se avecinen a una ciudad para que sean culturalmente mestizos. Por lo tanto, el cristianismo, el castellano y nuestra cultura virreinal mestiza, con las vírgenes de Copacabana, Cotoca y Urcupiña, y con el Cerro Rico de Potosí, la Universidad de Charcas y las misiones de Moxos y Chiquitos son el origen y base fundamental del ser boliviano

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